El puente de diciembre es un momento ideal para conocer como merece la capital de Portugal y su ciudad más importante: Lisboa. Por tren, coche o avión se puede llegar en muy poco tiempo. Y llegar a Lisboa significa mezclarse con sus gentes y visitar, pasear, por sus barrios y sus plazas. Es una capital que invita al paseo, a recorrer las calles sin prisas, y a tomarnos algo en alguno de sus rincones más bellos. Una ciudad hermana a la que vamos con la confianza que dan los años y el conocimiento.

Visitar el barrio de la Baixa, la plaza de los Restauradores con su magnífico hotel Edén. Seguir por la Avenida de la Libertad hasta la Plaza Marqués de Pombal, lugar en el que podemos decir que comienza la zona más moderna de Lisboa.

Visitar la Plaza del Rossio con el famoso Teatro Nacional y el concurrido café Nicola. Y acercarnos para finalizar la ruta hasta la plaza de Figueira donde veremos las populares casas abuhardilladas. Todas estas plazas se encuentran muy cerca una de las otras, saliendo de la plaza Figueira la calle peatonal Rua Augusta que termina adentrándose en la plaza del Comercio.

Los tranvías son una forma económica y muy interesante de movernos en Lisboa. Aunque no lo parezca podemos llegar a casi cualquier zona en uno de ellos.
Si llegasteis en coche hasta Lisboa conviene dejarlo aparcado y moverse por la ciudad en tranvía o con una abono transporte de un día. Visitar el Castillo de San Jorge es obligatorio, pues se trata de un lugar espectacular con unas vistas dignas de ver. Lo mismo ocurre con una visita a la Alfama. antiguo barrio de pescadores con pequeñas calles que invitan al paseo sin prisa.

No podemos dejar la ocasión para visitar el Parque de las naciones, donde tuvo lugar la expo en el año 1998, como tampoco podemos dejar de ver, desde muchos lugares es posible, el famoso puente Vasco de Gama el mayor de Europa en la actualidad.

Lisboa no es una ciudad cara. Si bien las zonas más turísticas ofrecen, como en cualquier ciudad europea, unos precios más elevados, dirigidos al turismo. Salirse un poco de los circuitos habituales es suficiente para encontrarnos con la realidad, con los precios reales de las cosas, permitiéndonos mezclarnos con los auténticos lisboetas, con la gente que vive y ama esta preciosa ciudad.

Obligatorio es visitar también el Chiado y el barrio Alto al los que podemos llegar por el Elevador de la Gloria y el Elevador de Santa Justa. Una vez allí y después de perdernos en sus calles, es conveniente encontrar un lugar donde reponernos con una buena cena.

Pero si hay un barrio que merece la pena no perderse en Lisboa, y al que debemos acercarnos es el de Belén donde encontramos dos de las joyas más importantes. El monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, dos lugares que por sí solo justifican este viaje a Lisboa.

Pero si eres de los afortunados que puedes coger más días hay zonas muy cercanas a Lisboa que merecen una visita: Sintra, Cascáis, Estoril o Sesimbra estén quizás entre mis favoritas.

Comer en Lisboa, en una plaza o en un restaurante es una experiencia maravillosa. Los precios siguen siendo ajustados y la cordialidad de sus gentes es una invitación constante. Eso sí, no retrases mucho la cena ya que algunos restaurantes comienzan a cerrar sobre las nueve. Probar el caldo verde, la sopa de nabicas, el cocido a la portuguesa o las migas de Alentejo. También las feijoadas , o el bacalao en cualquier forma, sin lugar a dudas el pescado favorito de los portugueses, son otras de las especialidades más populares de la ciudad.

Los hoteles en el centro de Lisboa no son caros y conviene elegir uno que esté bien situado y, si es posible, con parking, ya que es fundamental dejar el coche, si es que hemos ido a Lisboa de esta forma, en el aparcamiento. Moverse por la ciudad en coche es complicado sobre todo a la hora de aparcar. Por lo que recomendamos el tranvía y los autobuses como forma principal de desplazamiento, ya que permite además de trasladarnos, ir cogiéndole el punto a la ciudad.

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